Entendemos por comunidades de aprendizaje la conformación de un grupo más o menos estable en el que la iniciativa de aprender y de enseñar la tienen alternadamente sus integrantes en base a los propósitos que comparten y pretenden alcanzar. Las comunidades pueden unir a su vez a subgrupos o incorporar con especial cuidado actores diferentes con el objeto que en la heterogeneidad se produzcan procesos valiosos y ricos. Algunas veces surgen grupos de manera espontánea que comparten intereses comunes y a partir de ellos luego se conforma una comunidad de aprendizaje. Otras veces, los integrantes de la comunidad reconocen el valor de incorporar nuevos actores que podrían aportar elementos o propuestas novedosas al grupo enriqueciéndolo. Por ello entendemos que los grupos, a pesar de ser estables, son cambiantes en su devenir.
Hoy estos grupos encuentran en la virtualidad una manera de conformación novedosa basada en la heterogeneidad de sus integrantes y en su localización. Las comunidades virtuales establecen normas de comportamiento y mecanismos de participación. Se construyen en ellas redes de relaciones personales durante un período de tiempo en el marco de relaciones que provocan sentimientos comunitarios, afectivos. Analizaremos esta nueva problemática que hoy introducimos desde las aulas, las escuelas entre sí y en el reconocimiento de su potencia para la formación ciudadana.
En la escuela
| David, Miguel Angelampliar + | ||
Pensar en comunidades de aprendizaje en la escuela es tratar de encontrar una manera de romper la homogeneidad del curso escolar. Se trata de encontrar intereses comunes entre alumnos de diferentes grados o secciones tratando de provocar experiencias en las que los estudiantes prueben, por primera vez, provocar situaciones de aprendizaje basadas en las diferencias y en la decisión del grupo que diseña sus propios objetivos, actividades y producciones. Las y los docentes estimulan la conformación del grupo, tratan de ampliar y enriquecer las propuestas y favorecen la participación de otros integrantes de la comunidad para que, desde la heterogeneidad, se enriquezcan las propuestas.
Es primordial compartir los propósitos entre los diferentes docentes con el objeto de transformar la escuela en un espacio en que se promueve el desarrollo de experiencias entre los estudiantes rompiendo la lógica del trabajo por grupo escolar. Se trata de que las y los docentes planeen juntos temas para el desarrollo curricular y ofrezcan elementos para que las experiencias de los estudiantes se desarrollen libremente acorde con intereses similares. Ejemplos de estos problemas pueden ser los referidos al cuidado del ambiente y la naturaleza, los efectos de la contaminación ambiental, la lucha contra la pobreza, las guerras entre las naciones o las etnias, entre otros.
Supongamos que, además del trabajo habitual, el equipo docente de una institución coincida en tres temas o problemas que se desarrollarán a lo largo del año por los estudiantes de manera autogestionada. Se trata de pensar en dos o tres problemas reales, significativos para los estudiantes que permiten tender puentes con el contenido curricular. Una vez decidido el o los temas se podrán establecer los diferentes productos que sería aconsejable obtener. Las y los estudiantes podrán agruparse en tantos grupos como productos se hayan propuesto o propondrán otros, junto con los caminos que pretenden recorrer para lograrlos. Ellos establecerán las normas, los tiempos, los grados de participación, las tareas y las formas de coordinación. Seguramente las y los docentes tendrán que monitorear la efectividad con la que se establece, conduce y logra la tarea. También será recomendable que, junto con los estudiantes, evalúen la marcha del trabajo y sus logros. Es posible que una comunidad de una institución plantee como producto la construcción de un periódico digital, que es una plataforma que utilizan alumnas, alumnos, padres y docentes constituidos en comunidad para comunicar la información que se considere de valor en un trabajo curricular de nuevo tipo. En ese caso el producto no sólo debe iniciarse, sino que debe mantenerse y se transforma en el proyecto compartido de una institución a lo largo del año.
Entre escuelas
| Moisés, Miguel Angelampliar + | ||
Docentes y alumnos de diferentes instituciones han conformado redes con el objeto de compartir y desarrollar un proyecto. El intercambio y la producción conjunta de estudiantes en las que se involucran docentes ayuda, en todos los casos y, en especial cuando las redes se arman con poblaciones heterogéneas de distintas localidades, a la comprensión y el respeto por las ideas, a los recorridos y experiencias diferentes.
Las estrategias que se aconsejarán requieren compartir búsquedas, acordar respecto del interés y valor de lo que se elige, y encontrar un formato para que se lo presente y comparta, construir de manera ingeniosa el camino abierto para reconocer los reservorios de información de nuevo tipo al alcance de los estudiantes. También es recomendable que se introduzcan formatos lúdicos sosteniendo el juego como el método más apropiado para la experiencia permitiendo que la alegría aleje del aburrimiento de muchas prácticas convencionales. Se trata de desdramatizar la situación escolar con el firme propósito de aprender sin sentir los riesgos que conlleva el error sino de reconocerlos, cuando se presentan, como una estrategia de aprendizaje válida para cualquier tiempo y circunstancia. En síntesis, las diferentes propuestas implican realizar trabajos con sentido, proponer desafíos reales y tratar de ampliar el círculo estudiantil integrando actores diferentes en cada una de las actividades.
Las redes entre escuelas fomentarán o harán posible la conformación de grupos de docentes que también encuentran en estos formatos nuevas posibilidades para el trabajo compartido, la socialización de experiencias o, simplemente la ayuda.
Las comunidades en y para la formación ciudadana
| Tumba de los Medici (detalle), Miguel Angel ampliar + | ||
Así como entendemos que los valores y la formación moral no son un tema específico del currículo escolar sino el trabajo diario y sostenido de las y los docentes con sus comentarios, advertencias, consideraciones morales, ejemplos cotidianos enmarcados en la conversación permanente con los estudiantes, las comunidades pueden ser un valioso vehículo para afianzar las conductas morales y la enseñanza del valor de la civilidad en la escuela.
John Dewey, en su libro “Democracia y Educación” sostenía que la educación moral debía estar contemplada dentro de la problemática del entorno y de las relaciones sociales, formando parte inevitable de las experiencias que se deberían llevar a cabo en la escuela y sin disponer de un área dedicada a ella. Esto implica, para este notable pensador, la conformación de un currículo emergente en el que se aprende a partir de las experiencias que se lleven a cabo. La franqueza en el debate, la asunción y el reconocimiento de principios y valores, el trabajo en la diversidad y la enseñanza de las culturas diferentes fueron siempre temas de la escuela. Los movimientos reformadores de la década de los noventa soslayaron y pedagogizaron estas preocupaciones en muchos sentidos. En el caso argentino, al distinguirse los contenidos conceptuales de los procedimentales y de los valorativos, se estimuló una falsa separación en la comprensión de los conceptos mediante distinciones arbitrarias que, además, quitaron el verdadero valor de lo moral al transformarlo en un ejercicio referido a cada concepto y no a los trascendentes problemas morales de la sociedad.
Entendemos que la formación ciudadana es un proceso de aprendizaje en el que la escuela es la principal responsable siempre que se entienda que es central enseñar no sólo los derechos individuales de los que gozan los ciudadanos, los derechos políticos, o los derechos sociales tales como la salud, la educación o la vivienda sino la construcción de una ciudadanía como la de un sujeto receptor de deberes en los que la comprensión y la valoración de la defensa de los intereses de la comunidad juegan un lugar central. Esto implicará que los estudiantes entiendan la realidad socio – política internacional, reflexionen críticamente en torno a ella y asuman responsablemente su integración y participación activa en la sociedad.
Se trata del ejercicio de la ciudadanía que se aprende mediante la conformación de actitudes y valores de respeto y diálogo, la disposición por ponerse en el lugar del otro, la preocupación por problemas comunes y la tolerancia activa con otras identidades personales y colectivas.
Nos preguntamos cómo los grupos pueden asumir normas que favorezcan estas construcciones. Quizás podemos reconocer que en algunos de ellos la saturación de información, la programación de un exceso de actividades o la preocupación por un producto con un formato atractivo impiden un trabajo serio y sostenido en pos de esta formación moral que proponemos. El tiempo necesario para la conversación sostenida, el debate serio y los procesos de negociación que requiere toda actividad compartida deben ser respetados. Nos interesa programar actividades que traspasen los límites de la escuela, que tengan como propósito debatir en torno a los problemas sociales cotidianos y encuentren en los acuerdos y en los disensos nuevos temas para aprender.